Reflexión Pastoral en ocasión de la celebración Ecuménica

Del XXXI Aniversario del Martirio de Mons. Oscar Arnulfo Romero.

Jueves 24 de marzo, 2011.

En la calle central, frente a Catedral Metropolitana.(7:30 pm)

“Nadie tiene mayor amor, que aquel Que da la vida por sus amigos” San Juan 15:13.

Hermanas y hermanos reunidos en esta comunión de fe y esperanza,

Quiero ante todo, invitarles a dar gracias a Dios por Mons. Romero, por su vida y por su testimonio.

Tengo la impresión que como Pueblo de Dios en El Salvador, no hemos dado gracias a Dios como se debe, por la vida y por todo el legado testimonial en Mons. Romero.

· Esta mañana hemos peregrinado por las calles de San Salvador, y éramos un número significativo de hombres y mujeres que con mucha esperanza honrábamos la memoria de este santo y mártir del pueblo salvadoreño.

· Pero creo sin temor a equivocarme, que nos quedamos cortos, porque el testimonio de Mons. Romero, es un testimonio grande, y en este sentido la celebración de su vida y de su resurrección debe ser un acontecimiento grandioso, por este que es, el salvadoreño más grande y más santo, en la historia del país. Debemos hacer esfuerzos por celebrarlo como él es y como él se lo merece.

· Ustedes saben hermanas y hermanos, que aquellos que planearon su asesinato, y todos los que querían verlo muerto -aun dentro de la misma Iglesia-, se equivocaron y se equivocaron de una manera absurda, porque en su martirio, Dios recogió a Mons. Romero y nos lo devuelve hecho santo, resucitado en el pueblo, en los trabajadores, en los campesinos, en toda esta juventud, en todos los hombres y mujeres de este pueblo, que continúan luchando y trabajando y clamando porque sea plena la Justicia en El Salvador(!)

Estamos aquí, en el corazón de la ciudad, para dar testimonio de este Milagro de Dios en Mons. Romero, milagro que nos descubre a Mons. Romero como todo un santo lleno de amor para su pueblo; y este mismo milagro, descubre a los asesinos llenos de odio, no solo para San Romero, sino de odio para su pueblo y para los pobres en este país.

Ahora que hemos llegado para dar gracias a Dios por Mons. Romero, que podamos desde esta gratitud, reconocer en Mons. Romero a un siervo fiel de Dios, reconocer también la certeza y la sabiduría de su palabra.

Y de su Palabra quiero recordar de él, La siguiente declaración:

“Dios es un Dios que va caminando con su pueblo, y el pueblo creyente no debe aferrarse a tradiciones, esas tradiciones que empañan el verdadero.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. El creyente, tiene que estar atento a la voz del Espíritu y convertirse!

Ir en pos del llamamiento del Señor. Todo el que cree que no debe cambiar, que no tiene necesidad de cambiar, es un fariseo hipócrita”.

(De su Homilía 11 de junio, 1978)

· Esa es la palabra, certera y sabia de Mons. Romero (!).

Dar gracias por él, significa reconocer su testimonio episcopal. Qué gran Obispo nos dio Dios en Mons. Romero (!) Un obispo que no se aferro a su investidura de alto jerarca Eclesial, sino que se despojó de su silla arzobispal y de su mitra para caminar junto con su pueblo en la búsqueda de la Justicia.

· También significa, poder reconocer su testimonio de pastor y profeta, buscando, interviniendo, predicando para que prevaleciera la razón, el entendimiento, el amor y la justicia en un momento crítico en el país. Pero los poderosos no quisieron oír a Mons. Romero, ellos optaron por el odio, la violencia, por la guerra.

Antes de optar por la violencia y la guerra, decidieron apartar a Mons. Romero, asesinándolo.

Que implica entonces celebrar este 31 Aniversario de su martirio?

· En primer lugar, creo que como cristianos, Dios nos llama en Mons. Romero a celebrar su resurrección, haciéndonos cargo de su herencia y de su legado testimonial.

· Porque para tristeza nuestra, parece que las estructuras eclesiales, no quieren hacerse cargo de este Santo. Es un Santo que incomoda a una Iglesia que se ha acomodado, a una Iglesia temerosa y a una iglesia también cobarde.

· Me da la impresión, de que no tenemos capacidad para ocuparnos de este gran Santo; y Mons. Romero resulta ser demasiado Santo para tan poca Iglesia.

Una Iglesia que parece mirar la historia lejos, e igual mirar al pueblo de lejos, una Iglesia que calcula lo que va a decir, y que calcúla que va hacer, y en esto quiero citar el testimonio ejemplar y consecuente de Mons. Romero, que el mismo refiere en su diario, cuando nos dice:

“Recibí al Ministro de Defensa, quien llego a nombre del Presidente de la república a ofrecerme seguridad, guardaespaldas y hasta un carro blindado”.

Dice en su diario:”yo mande a agradecer al Presidente y le dije que siendo que estaba preocupado por mi pueblo, que quería correr con mi pueblo

los mismos riesgos, que sería un anti-testimonio que me preocupara por mi seguridad, antes que preocuparme por la seguridad de mi pueblo pobre,

de los campesinos, de los trabajadores, de los estudiantes, eso respondí al Presidente”.

(Su diario, viernes 7 de septiembre, 1979)

· Todos nos recordamos que hizo público en una homilía la carta de ofrecimiento, del entonces presidente y de su respuesta pastoral.

Qué ejemplo de Obispo y de Pastor, consecuente con su fe, coherente con el Evangelio, obediente y fiel a Jesús, su Señor. Hay una lección grande para nosotros pastores, para los dirigentes de las iglesias, pero también para los dirigentes de la cosa pública, que también corren el riesgo de acomodarse en el privilegio de sus altas investiduras como funcionarios servidores públicos.

Lo que implica recordar a Mons. Romero. Me he preguntado hermanos y hermanas, necesita Mons. Romero que lo recordemos, yo digo no necesita, Mons. Romero ya es grade, y participa en

plenitud de la Gloria Eterna de Dios, no de la gloria temporal, de la que gozan algunos, no de la gloria temporal de los que están en eminencia por cierto tiempo, no él goza de la Gloria eterna con el Padre(!)

· Somos nosotros los que necesitamos recordarlo, y no solo recordarlo, sino imitarlo, imitar su vida de fe y su compromiso con Dios y con el pueblo, en la búsqueda de la justicia y la Paz.

· Porque en la vida y en el ejemplo de Mons. Romero, Dios nos llama a una genuina conversión a los caminos de Dios, conversión al bien, conversión a la justicia.

· Hay mucha maldad entre nosotros, hay mucha violencia, mucho odio, mucha corrupción, mucha muerte y desde Mons. Romero, Dios nos llama a decir NO a la violencia, no al abuso, no al atropello, no a la injusticia.

En Mons. Romero, Dios llama a la Iglesia, a los pastores, obispos, sacerdotes, religiosas y religiosos a vivir en fidelidad al Evangelio, y en fidelidad a los anhelos de justicia de nuestro pueblo.

Que así como cantamos agradeciendo a Dios por Mons. Romero, que pidamos a Dios, que él nos ayude a vivir El Evangelio como Mons. Romero lo vivió.

Por eso en esta celebración demos honra a la Memoria de Mons. Romero!

Demos gracias a Dios por Mons. Romero!

El es nuestro San Romero de América y de los pobres!

AMÉN!!

Rev. Miguel Tomás Castro

Pastor General

Iglesia Bautista Emmanuel

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