Reflexión Pastoral en ocasión de la celebración Ecuménica

Del XXXI Aniversario del Martirio de Mons. Oscar Arnulfo Romero.

Jueves 24 de marzo, 2011.

En la calle central, frente a Catedral Metropolitana.(7:30 pm)

“Nadie tiene mayor amor, que aquel Que da la vida por sus amigos” San Juan 15:13.

Hermanas y hermanos reunidos en esta comunión de fe y esperanza,

Quiero ante todo, invitarles a dar gracias a Dios por Mons. Romero, por su vida y por su testimonio.

Tengo la impresión que como Pueblo de Dios en El Salvador, no hemos dado gracias a Dios como se debe, por la vida y por todo el legado testimonial en Mons. Romero.

· Esta mañana hemos peregrinado por las calles de San Salvador, y éramos un número significativo de hombres y mujeres que con mucha esperanza honrábamos la memoria de este santo y mártir del pueblo salvadoreño.

· Pero creo sin temor a equivocarme, que nos quedamos cortos, porque el testimonio de Mons. Romero, es un testimonio grande, y en este sentido la celebración de su vida y de su resurrección debe ser un acontecimiento grandioso, por este que es, el salvadoreño más grande y más santo, en la historia del país. Debemos hacer esfuerzos por celebrarlo como él es y como él se lo merece.

· Ustedes saben hermanas y hermanos, que aquellos que planearon su asesinato, y todos los que querían verlo muerto -aun dentro de la misma Iglesia-, se equivocaron y se equivocaron de una manera absurda, porque en su martirio, Dios recogió a Mons. Romero y nos lo devuelve hecho santo, resucitado en el pueblo, en los trabajadores, en los campesinos, en toda esta juventud, en todos los hombres y mujeres de este pueblo, que continúan luchando y trabajando y clamando porque sea plena la Justicia en El Salvador(!)

Estamos aquí, en el corazón de la ciudad, para dar testimonio de este Milagro de Dios en Mons. Romero, milagro que nos descubre a Mons. Romero como todo un santo lleno de amor para su pueblo; y este mismo milagro, descubre a los asesinos llenos de odio, no solo para San Romero, sino de odio para su pueblo y para los pobres en este país.

Ahora que hemos llegado para dar gracias a Dios por Mons. Romero, que podamos desde esta gratitud, reconocer en Mons. Romero a un siervo fiel de Dios, reconocer también la certeza y la sabiduría de su palabra.

Y de su Palabra quiero recordar de él, La siguiente declaración:

“Dios es un Dios que va caminando con su pueblo, y el pueblo creyente no debe aferrarse a tradiciones, esas tradiciones que empañan el verdadero.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. El creyente, tiene que estar atento a la voz del Espíritu y convertirse!

Ir en pos del llamamiento del Señor. Todo el que cree que no debe cambiar, que no tiene necesidad de cambiar, es un fariseo hipócrita”.

(De su Homilía 11 de junio, 1978)

· Esa es la palabra, certera y sabia de Mons. Romero (!).

Dar gracias por él, significa reconocer su testimonio episcopal. Qué gran Obispo nos dio Dios en Mons. Romero (!) Un obispo que no se aferro a su investidura de alto jerarca Eclesial, sino que se despojó de su silla arzobispal y de su mitra para caminar junto con su pueblo en la búsqueda de la Justicia.

· También significa, poder reconocer su testimonio de pastor y profeta, buscando, interviniendo, predicando para que prevaleciera la razón, el entendimiento, el amor y la justicia en un momento crítico en el país. Pero los poderosos no quisieron oír a Mons. Romero, ellos optaron por el odio, la violencia, por la guerra.

Antes de optar por la violencia y la guerra, decidieron apartar a Mons. Romero, asesinándolo.

Que implica entonces celebrar este 31 Aniversario de su martirio?

· En primer lugar, creo que como cristianos, Dios nos llama en Mons. Romero a celebrar su resurrección, haciéndonos cargo de su herencia y de su legado testimonial.

· Porque para tristeza nuestra, parece que las estructuras eclesiales, no quieren hacerse cargo de este Santo. Es un Santo que incomoda a una Iglesia que se ha acomodado, a una Iglesia temerosa y a una iglesia también cobarde.

· Me da la impresión, de que no tenemos capacidad para ocuparnos de este gran Santo; y Mons. Romero resulta ser demasiado Santo para tan poca Iglesia.

Una Iglesia que parece mirar la historia lejos, e igual mirar al pueblo de lejos, una Iglesia que calcula lo que va a decir, y que calcúla que va hacer, y en esto quiero citar el testimonio ejemplar y consecuente de Mons. Romero, que el mismo refiere en su diario, cuando nos dice:

“Recibí al Ministro de Defensa, quien llego a nombre del Presidente de la república a ofrecerme seguridad, guardaespaldas y hasta un carro blindado”.

Dice en su diario:”yo mande a agradecer al Presidente y le dije que siendo que estaba preocupado por mi pueblo, que quería correr con mi pueblo

los mismos riesgos, que sería un anti-testimonio que me preocupara por mi seguridad, antes que preocuparme por la seguridad de mi pueblo pobre,

de los campesinos, de los trabajadores, de los estudiantes, eso respondí al Presidente”.

(Su diario, viernes 7 de septiembre, 1979)

· Todos nos recordamos que hizo público en una homilía la carta de ofrecimiento, del entonces presidente y de su respuesta pastoral.

Qué ejemplo de Obispo y de Pastor, consecuente con su fe, coherente con el Evangelio, obediente y fiel a Jesús, su Señor. Hay una lección grande para nosotros pastores, para los dirigentes de las iglesias, pero también para los dirigentes de la cosa pública, que también corren el riesgo de acomodarse en el privilegio de sus altas investiduras como funcionarios servidores públicos.

Lo que implica recordar a Mons. Romero. Me he preguntado hermanos y hermanas, necesita Mons. Romero que lo recordemos, yo digo no necesita, Mons. Romero ya es grade, y participa en

plenitud de la Gloria Eterna de Dios, no de la gloria temporal, de la que gozan algunos, no de la gloria temporal de los que están en eminencia por cierto tiempo, no él goza de la Gloria eterna con el Padre(!)

· Somos nosotros los que necesitamos recordarlo, y no solo recordarlo, sino imitarlo, imitar su vida de fe y su compromiso con Dios y con el pueblo, en la búsqueda de la justicia y la Paz.

· Porque en la vida y en el ejemplo de Mons. Romero, Dios nos llama a una genuina conversión a los caminos de Dios, conversión al bien, conversión a la justicia.

· Hay mucha maldad entre nosotros, hay mucha violencia, mucho odio, mucha corrupción, mucha muerte y desde Mons. Romero, Dios nos llama a decir NO a la violencia, no al abuso, no al atropello, no a la injusticia.

En Mons. Romero, Dios llama a la Iglesia, a los pastores, obispos, sacerdotes, religiosas y religiosos a vivir en fidelidad al Evangelio, y en fidelidad a los anhelos de justicia de nuestro pueblo.

Que así como cantamos agradeciendo a Dios por Mons. Romero, que pidamos a Dios, que él nos ayude a vivir El Evangelio como Mons. Romero lo vivió.

Por eso en esta celebración demos honra a la Memoria de Mons. Romero!

Demos gracias a Dios por Mons. Romero!

El es nuestro San Romero de América y de los pobres!

AMÉN!!

Rev. Miguel Tomás Castro

Pastor General

Iglesia Bautista Emmanuel

The Fireflies of El Mozote/ Las luciérnagas de El Mozote


Para mas información, visitar: Convergencia Resistencia <creamericas@gmail.com>

By Kim Erno

The people around the village of El Mozote claim that at night fireflies appear in great numbers. They flicker and dart about in the darkness. As they come together in clusters there is a concentration of their light that illuminates the site where a massacre took place on December, 1981. This was at the beginning of the civil war in El Salvador when the Salvadoran armed forces implemented a “scorched earth” strategy that was designed to eliminate any support base for the rebel army as well as to terrorize the population. The expression used to describe this strategy was: “to kill the fish you drain the ocean”. In an area where the rebels (“fish”) had control of the territory (“ocean”) whatever and whoever was within that zone was considered a legitimate military target: livestock, fields, homes and civilians.

El Mozote was a small village of around 300 inhabitants located in the Department (or state) of Morazán north of the Torola River in the northeast region of El Salvador. The northern zone of Morazán was considered a stronghold of the rebel forces. It was an ocean that needed to be drained. In December of 1981 some 4000 Salvadoran troops converged on that zone holding positions along a paved road that divided the area and then sweeping from the north, south and east to trap the population and subsequently eliminate all life. This is another military strategy often referred to as the “hammer and anvil”. The place where the “hammer” struck most brutally was El Mozote on December 11th.

The rebel radio station, Venceremos, had issued a warning on December 1st of the coming military operation. Most of the civilian population packed up and fled to the mountains or across the border to Honduras or formed part of the caravan following the rebel army that had decided to punch through the military line on the paved road. El Mozote was the exception. A prominent businessman from the town who had friends among the military had also received the warning of the coming operation. In this case, however, an officer had told him that the best plan would be to stay put in the village so as not to be identified with the rebels. The fact that El Mozote had not been sympathetic to the rebels and that many of the residents were evangelicals who took a strong anti-communist stand made this advice plausible. Not only did the majority of the village residents stay, many also went to neighboring villages and settlements to spread the word that El Mozote would be a safe haven during the military operation. Soon there were at least double the number of residents in the town. People crowded into homes or stayed outside in the plaza.

When the troops from the Atlacatl battalion arrived on December 10th, the people still felt they would be safe. The soldiers made them lie face down on the plaza while the struck them, threatened and interrogated them. After this ordeal they were allowed to return to their homes for the night and so they thought the soldiers would leave the next day. Just before daylight the soldiers banged on the doors and forced the people back to the plaza where they were divided into groups. The men and older boys were sent to the church. The women and children were crowded into a house. Then the killing began: first the men and boys, then the women, and lastly the children.

There was one survivor, Rufina Amaya, who was at the end of the line of women and managed to hide behind a tree. When she heard the cries of her own children being killed she dug a hole in the earth to wail with grief and pain. She prayed for God’s help to be able to survive and tell the world what had happened.

There were many powerful interests that wanted to dismiss Rufina’s account as part of a rebel propaganda strategy designed to discredit the Salvadoran military and government at a crucial stage in the relationship with Washington. The U.S. Congress was scheduled to “certify” that the Salvadoran authorities were serious in their efforts to improve the human rights conditions in their country. There was to be a hearing before the House Subcommittee on Western Hemisphere Affairs in early February, 1982. As news of the massacre began to spread the U.S. embassy in El Salvador was under pressure to investigate what happened. A foreign service officer along with a military attaché were sent to Morazán with a Salvadoran military escort. First they flew over El Mozote and then started overland by vehicle. When the Salvadoran soldiers refused to drive the remainder of the way to the village the U.S. officials turned back with them. The cable sent to Washington that was cited during the hearing stated that “no evidence could be found to confirm that government forces systematically massacred civilians in the operation zone…” which of course was true since the U.S. investigators never went to the site of the massacre where they could have found the evidence!!

A thorough investigation including the exhumation of the site by a specialized forensic team did not occur until after the war ended with the signing of the peace accords in 1992. One of the provisions of the accords was the formation of a Truth Commission to investigate some of the most heinous violations of human rights. El Mozote was one of those cases. With the passage of time and the decomposition of the human remains the exact number of those killed in El Mozote and the outlying areas is difficult to determine but the evidence indicates approximately eight hundred making this one of the largest massacres in Latin American history.

We visited El Mozote with our delegation. We saw the ruins of the buildings where the people were gathered together and systematically killed. We read the names of the dead on the memorial wall of the present day chapel alongside the former sacristy. This is the site where the younger children were slain. Apparently there was a debate among the soldiers as to whether or not this was the right thing to do. The argument was settled when an officer arrived on the scene, threw a child into the air and bayoneted him as he fell. “They will grow up to be guerrilla fighters so better to kill them now!”

El Mozote is a place to remember and to be challenged to act with courage so that this horror is not repeated. Those who have seen the fireflies at night claim that they are the spirits of the children whose light cannot be extinguished to illuminate a path toward a just and humane world.

Here are the names of the children under one year old, some of the fireflies of El Mozote:

Concepción Sanchez 3 días

Amílcar Pereira 2 meses

José Cleofás Lopez 3 meses

Evaristo Reyes Luna 6 meses

José Romero 6 meses

Octaviana Perez 8 meses

Maria Isable Amaya Claros 8 meses

Mauricio del Cid 8 meses

Armando Aeguela Claros 8 meses

Cristina Martinez 9 meses






Texto: Kim Erno

(Traducción: Ariadna Méndez Hernández)

Las personas de El Mozote dicen que por las noches aparecen luciérnagas. Ellas centellean y vuelan en la oscuridad. Se juntan y esa luz concentrada ilumina el sitio donde una masacre tuvo lugar en diciembre de 1981. Esto sucedió al comienzo de la guerra civil en ElSalvador cuando fuerzas armadas salvadoreñas implementaron la estrategia de “tierra arrasada” cuya misión fue eliminar cualquier base de apoyo para los rebeldes, asimismo sirvió para aterrorizar a la población. La expresión empleada para describir esta estrategia fue “para matar a los peces esnecesario secar el océano”. En una zona donde los rebeldes (los peces) tenían control del territorio (el océano) cualquier cosa o persona que estuviera en esa área era considerada un blanco militar legítimo: ganado, parcelas, casas y civiles.

El Mozote era una pequeña aldea de aproximadamente 300 habitantes y se localizaba en el departamento (o estado) de Morazán, al norte del Río Torola en la región noreste de El Salvador. La zona norte de Morazán fue considerada bastión de las fuerzas rebeldes. Un océano que requería ser secado. En diciembre de 1981 unas 4,000 tropas salvadoreñas convergieron en esa zona y ocuparon un camino pavimentado que dividía el área. Después llegaron del norte, del sur y del este para cercar a la población y después eliminarla. Esta es otra táctica militar llamada “el martillo y el yunque”. El lugar en que el “martillo” golpeó más brutalmente fue El Mozote, el 11 de diciembre.

Radio Venceremos, de las fuerzas rebeldes, hizo una advertencia el 1o de diciembre de que una operación militar entraría en efecto en la zona. Gran parte de la población civil empacó y huyó a las montañas o cruzó la frontera hacia Honduras; otros se unieron a los rebeldes en una caravana que se enfrentaría a los militares en ese camino pavimentado. El Mozote fue la excepción. Un comerciante que tenía amigos en las fuerzas militares también había recibido una advertencia de la operación. Sin embargo, un oficial le había dicho que lo mejor era quedarse en la aldea para que no fueran identificados como rebeldes. El hecho de que El Mozte nunca simpatizó con los rebeldes y de que muchos de los pobladores eran evangélicos con una postura anticomunista muy fuerte, hizo que el consejo del soldado fuera verosímil. No sólo se quedó la mayor parte de la población, sino que fueron a otras aldeas y campamentos a decir que El Mozote era un lugar seguro durante la operación militar. Muy pronto, el número de habitantes se duplicó. La gente se amontó en algunas casas y otros permanecieron en la plaza principal.

Cuando las tropas del batallón Atlacatl arribaron el 10 de diciembre, la gente aún se sentía a salvo. Los soldados los obligaron a acostarse boca abajo mientras los golpeaban, amenazaban e interrogaban. Después de este suplicio, los dejaron regresar a sus casas a pasar la noche y la gente pensó que los soldados se irían al día siguiente. Poco antes del amanecer, los soldados, azotando puertas, obligaron a todos a regresar a la plaza donde los dividieron en grupos. Los hombres y los jóvenes fueron llevados a la iglesia. Las mujeres y los niños fueron amontonados en una casa. Luego empezó la matanza: primero los hombres y los jóvenes, luego las mujeres y finalmente los niños.

Hubo una sobreviviente, Rufina Amaya, quien estaba al final de la fila de mujeres y logró esconderse en un arbusto. Cuando escuchó el llanto de sus hijos cuando los mataban, cavó un hoyo en la tierra para poder gritar del dolor y la tristeza. Le pidió a Dios sobrevivir y contar al mundo lo que había pasado.

Había muchos intereseses poderosos que quisieron descartar el testimonio de Rufina como una estrategia de propaganda por parte de los rebeldes para desacreditar a las fuerzas armadas y al gobierno salvadoreños en una etapa crucial de la relación con el gobierno de Estados Unidos. El Congreso estadounidense estaba apunto de “certificar” que las autoridades salvadoreñas tenían un interés serio en mejorar la condición de los derechos humanos en ese país. El Subcomité para Asuntos del Hemisferio Occidental (del Senado de Estados Unidos) en febrero de 1982 iba a tener una sesión al respecto. Cuando se difundieron noticias sobre la masacre, la embajada de Estados Unidos en El Salvador se vio presionada a investigar lo que pasó. Un oficial del servicio de relaciones exteriores junto con un agregado militar fueron a Morazán acompañados de una escolta de las fuerzas militares salvadoreñas. Primero volaron por El Mozote y luego viajaron por tierra. Cuando los soldados se negaron a continuar hasta la aldea, los oficiales estadounidenses regresaron con ellos. En un cable que se leyó en la sesión del Subcomité se establecía que “no se encontró evidencia que confirme que las fuerzas del gobierno masacraron sistemáticamente a civiles en la zona de operación...”, lo cual era verdad ya que los investigadores no llegaron al lugar de la masacre, ¡¡¡donde hubieran podido encontrar la evidencia!!!

Una investigación exhaustiva por parte de un equipo forense no fue posible hasta el fin de la guerra, con la firma de los Acuerdos de Paz en 1992. Una de las estipulaciones de los Acuerdos de Paz fue la creación de la Comisión para la Verdad que investigaría algunas de las más atroces violaciones a los derechos humanos. El Mozote fue uno de esos casos. El paso del tiempo y la descomposición de los restos ha hecho difícil determinar el número exacto de víctimas de El Mozote y de zonas aledañas, pero la evidencia indica que fueron aproximadamente 800 personas, lo cual hace de esta masacre una de las más grandes de la historia de América Latina.

Visitamos El Mozote con nuestra delegación. Vimos la ruinas de los edificios donde se había juntado la gente y donde habían sido sistemáticamente asesinados. Leímos los nombres de las víctimas en el muro al lado de lo que fue la sacristía. Ahí fue donde asesinaron a los niños. Aparentemente hubo un debate entre los soldados sobre si estaba bien o no matar a los niños. El debate terminó cuando un oficial llegó a escena, arrojó a un niño al cielo y le enterró una bayoneta mientras el niño caía. “Ellos van a crecer y convertirse en guerrilleros, mejor matarlos ahora”.

El Mozote es un lugar para la memoria, un lugar que nos desafía a actuar con valentía para que este horror no se repita. Aquellos que han visto las luciérnagas por la noche dicen que ellas son los espíritus de los niños cuya luz no puede ser extinta y que iluminará el camino hacia un mundo justo y humano.

Aquí están los nombres de aquellos niños menores de un año que murieron, algunas luciérnagas de El Mozote:

Concepción Sanchez 3 días

Amílcar Pereira 2 meses

José Cleofás Lopez 3 meses

Evaristo Reyes Luna 6 meses

José Romero 6 meses

Octaviana Perez 8 meses

Maria Isable Amaya Claros 8 meses

Mauricio del Cid 8 meses

Armando Aeguela Claros 8 meses


Teoría y Praxis: instruirse, agitarse, organizarse


Teoría y Praxis: instruirse, agitarse, organizarse.

30 03 2011


Rev. Héctor Fernández

Coordinador IED Esteban.

San Salvador, El Salvador, Centro América.

La esperanza no es ni realidad ni quimera.

Es como los caminos de la Tierra:

sobre la Tierra no había caminos;

han sido hechos por

el gran número de transeúntes.

En el treinta y un aniversario de la resurrección de Mons. Romero en el pueblo salvadoreño y latinoamericano.

“Que se capacite a los niños y a los jóvenes a analizar la realidad de su país. Que los prepare para ser agentes de transformaciones, en vez de alienarlos con un amontonamiento de textos y de técnicas que los hacen desconocer la realidad. Así hay muchos técnicos, muchos sabios, muchos profesionales que saben su ciencia, su profesión, pero que son como ángeles, desencarnados de la realidad en que actúan su profesión. Lo primero que debe buscar una educación es encarnar al hombre en la realidad, saberla analizar, ser críticos de su realidad. Una educación que sea educación para una participación política, democrática, consciente. Esto, ¡cuánto bien haría!” (Homilía 30 de abril de 1978, IV p. 194. Día a día con Mons. Romero).

En estas semanas con mayor acentuación, conmemoramos la vida de Nuestro Obispo Mártir Mons. Oscar Arnulfo Romero, si con mayor auge, ya que a pesar del transcurso del tiempo, pues su voz y actitud está presente en nuestras vidas.

En la realidad de hoy, aunque muy poco ha cambiado a la realidad de ayer que valiente y acertadamente denunciaba Mons. Romero, los salvadoreños y salvadoreñas, estamos enfrentando infinidad de problemáticas, y tal parece que a los que dedicamos la vida para que el reino de Dios se refleje cada vez mas plenamente, nos está haciendo falta considerablemente hacer análisis de la realidad que parta de los intereses de la población y desde ahí construir pensamiento socio teológico que proponga y denuncie proféticamente.

Para los que somos cristianos, necesitamos iniciar, retomar, o reforzar, los análisis de la realidad nacional a partir de los valores del reino y pensando como pueblo de Dios, puesto que el análisis y reflexión teológica debe de tener como base fundamental, partir de la realidad, pues de otra manera tal reflexión se vuelve enajenadora, manipuladora y especialmente contraria a los valores del reino de Dios.

Uno de nuestros estancamientos en la producción de pensamiento teológico coherente y que contribuya a la lucha histórica de los pueblos, ha sido y continua siendo, fundamentalmente el esperar que otros nos digan cómo interpretar la realidad, como acercarnos a ella y como actuar; tal acomodamiento puede provocar que solo seamos instrumentos de los intereses de a quien acudimos para analizar la realidad.

Lo que deberíamos de hacer es utilizar métodos que nos permitan contar con análisis propios a partir de nuestra identidad de pueblo de Dios de forma incluyente. Considero vital para la militancia del reino que se escuche y atienda la voz de los jóvenes, no hablando en su nombre sin incluirlos realmente, plateo esto como vital, debido a que se hacen necesarios e inevitables los cambios generacionales en este trabajo cotidiano por la Plenitud de vida.

Para nosotros, cristianos salvadoreños es recomendable analizar la realidad a partir de la palabra y la acción de Jesús, y de Mons. Romero, y debo hacer énfasis en lo siguiente: recordando que Monseñor fue calidad de Pastor y Profeta, ser humano de profundo amor, fiel a la Iglesia de Cristo, a la proclamación de la Buena Nueva, transparente en todas sus relaciones, apasionado de la Vida y la Verdad, realizó esfuerzos mas allá de lo imaginable para que este pueblo algún día disfrutara de la paz fruto de la Justicia, por eso se dice que “con Mons. Romero Dios paso por El Salvador” en ese sentido podríamos hacernos algunas preguntas e intentemos responderlas sin bagajes ideológicos, recordando que la Verdad tiene más tonalidades que negro o blanco, que si bien las causas estructurales continúan siendo injustas, hay situaciones que han cambiado en treinta y un años:

¿Mons. Romero hubiese recibido y aceptado conversar con el Sr. Obama? En el supuesto caso que hubiese decidido recibirle y conversar con él Sr. Obama ¿Qué le hubiese dicho Mons. Romero al Sr. Obama?

¿Qué le diría al presidente Mauricio Funes y su gabinete de gobierno? ¿Y al FMLN?

¿Qué diría Mons. Romero ante las actitudes de las izquierdas y las derechas salvadoreñas?

¿Qué les diría a los señores empresarios?

¿Qué diría Mons. Romero de los jerarcas de las iglesias no romanas y católico romana de hoy?

¿Qué les diría Mons. Romero a las personas que orientan las Organizaciones No gubernamentales y agencias cooperantes?

Citare dos frases de Monseñor Romero que nos ayudan a reflexionar acerca de nuestra realidad hoy. Las letras son resaltadas por mí:

Dios es la vida. Dios es evolución. Dios es novedad. Dios va caminando con la historia del pueblo. Y el pueblo creyente en Dios no debe aferrarse a tradiciones, a costumbres; sobre todo cuando esas costumbres, esas tradiciones empañan el verdadero Evangelio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Tiene que estar siempre atento a la voz del Espíritu: ¡Convertirse, ir en pos de ese Evangelio, de ese llamamiento del Señor! Todo aquél que se sienta seguro y que crea que no tiene necesidad de cambiar, es fariseo, es hipócrita, es sepulcro blanqueado, que está muy seguro; pero a saber su conciencia qué reclamos le está haciendo” (Homilía 11 de junio de 1978, V p. 33. Día a día con Mons. Romero).

Seremos firmes, sí, en defender nuestros derechos, pero con un gran amor en el corazón. Porque el defender así, con amor, estamos buscando también la conversión de los pecadores. Esa es la venganza del cristiano” (Homilía 19 de junio de 1977, I-II p. 101. Día a día con Mons. Romero)

“La palabra es fuerza. La palabra, cuando no es mentira, lleva la fuerza de la verdad. Por eso hay tantas palabras que no tienen fuerza ya en nuestra patria, porque son palabras mentira, porque son palabras que han perdido su razón de ser” (Homilía 25 de noviembre de 1977, I-II p. 342. Día a día con Mons. Romero).

Considero que debemos revisar nuestras actitudes, ser consecuentes con la causa del reino, lo cual también significa ser autocríticos y recordar que en los procesos de liberación siempre necesitamos Acción – Reflexión – Acción, en franco y saludable equilibrio, y que a pesar de todo lo negativo de hoy, debemos siempre buscar la esperanza, allí donde en ocasiones no la queremos ver, es necesario limpiar nuestros lentes revolucionarios para estar siempre a tono con el desarrollo de la historia, de manera que esta no nos rebase, sino que como pueblo de Dios, nos coloquemos a la altura de los procesos de liberación. Esas actitudes pueden contribuir para que cotidianamente hagamos homenaje a nuestro guía espiritual Mons. Romero.

Concluyo esta reflexión citando a Antonio Gramsci y quiero dedicarla principalmente a los jóvenes y también a los adultos que están entendiendo la necesidad de los relevos generacionales en los procesos de liberación, así como son consientes y actúan en consecuencia en cuanto a la urgente necesidad de no caer en desequilibrios de activismo extremo o teorización extrema: "Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza