"Y sin embargo, se mueve". ("Eppur si muove") Galileo Galilei
Rev. Héctor Fernández
Coordinador IED Esteban.
San Salvador, El Salvador, Centro América.

“La espiritualidad de la liberación,
por ser explícitamente cristiana y liberadora,
debe asumir el combate a la pobreza como una
virtud fundamental de su talante profético,
de su solidaridad fraterna y de su servicio al prójimo”
Pedro Casaldaliga.

Palabra y realidad. Los aportes a la ciencia, al conocimiento que hizo Galileo Galilei, en su tiempo fueron para su época, evidentemente revolucionarios, en todo el buen sentido que tiene este término.
Copérnico a mediados del siglo XVI escribió De revolutionibus orbium coelestium. Con esta obra, Copérnico quiso explicar su nueva teoría, en la que establecía que era la Tierra la que se movía alrededor de sí misma y alrededor del Sol, y no al revés. El término latino revolutionibus del título se refiere a las vueltas que dan los planetas en torno a su estrella.
Fue tal el impacto que la obra produjo en el pensamiento que, desde entonces, cuando nos referimos a un cambio brusco, en política, arte, o en cualquier otro aspecto de la vida, decimos que se ha producido una revolución.
Las famosas palabras que algunos historiadores reportan que Galilei pronuncio al salir del juicio que le hizo la Congregación del Santo Oficio en 1633: “Y sin embargo se mueve”. Son palabras pronunciadas en episodios de la historia, en los que lamentablemente la iglesia estructura actuó de espaldas a Dios, contraria a la Buena Nueva. Muy a pesar de la negligencia y actitud negativa de la iglesia estructura, Galilei mantenía que el planeta tierra se mueve, aunque eso fuese negado por lo que detentaban el poder eclesial en su época.
Situaciones como la de Galilei, Copérnico y la Iglesia estructura en aquellos momentos nos remiten a pensar en situaciones de la Iglesia de Cristo, y la situación de ella a estas alturas de la historia, y de esta, ante la situación de la humanidad, de la creación hoy. Los grandes retos, desafíos para mantener y desarrollar actualmente, la propagación de la Buena Nueva del reino en el medio de tantas catástrofes, desastres, ante los cuales algo tiene que decir y hacer la Iglesia de Cristo en El Salvador y en cualquier parte del planeta en que habitemos.
En la sociedad salvadoreña, la situación de pecado es evidente, palpable, vivimos en una sociedad de espaldas a Dios, una sociedad confrontada con Dios. Años, cientos de años de injusticia, nos dificultan desprendernos de actitudes de injusticia pecaminosa, la injusticia se volvió y se mantiene haciendo el daño de cada día.
“El mundo al revés premia al revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y aumenta el canibalismo. Sus maestros calumnian la naturaleza: la injusticia, dicen, es la ley natural.” Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Eduardo Galeano, 1998.

Las acciones de injusticia de la persona que menos esperas que actúe injustamente; la “iglesia” que aún autodenominándose como tal, no actúa en consecuencia; la injusticia reinante en muchos estratos sociales; el pecado estructural galopante; los niveles de violencia de todo tipo. Esas y muchas otras situaciones que actúan contra la Vida y la Justicia, no en pocas ocasiones nos puede hacer pensar o creer que Dios está ausente. No es raro o extraño a estas alturas de la historia, pensar o preguntarse: ¿Dónde está Dios en medio de tanta calamidad y catástrofe? O seguramente algunas, sino muchas personas, podrían pensar: ¿Donde esta Dios si aun en el templo y en las acciones que no emprende o desarrolla la iglesia parece ausente?
Palabra de Dios escrita:
“Todos aquellos a los que guía el Espíritu de Dios, son hijos e hijas de Dios. Entonces no vuelvan al miedo; ustedes no recibieron un espíritu de esclavos, sino el espíritu propio de los hijos, que nos permite gritar: !Abba!, o sea: ¡Papa!. El Espíritu asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Siendo hijos son también herederos, la herencia de Dios será nuestra y la compartiremos con Cristo. Y si hemos sufrido con él, estaremos con él también en la gloria.” Romanos 8 14 - 17.
Dice la teóloga Elsa Tamez: en su escrito titulado ¿Cómo entender la Carta a los Romanos?: Es impensable leer a Pablo sin escuchar la voz de un prisionero inocente, sin sentir el dolor y la rabia de tantos esclavos crucificados injustamente, o sin ver los miles de afectados por el progreso de la civilización romana, o sin escuchar los gritos de una etnia arrasada por las invasiones romanas.
Situados en el lugar de las personas excluidas, marginadas, que al mismo tiempo son esperanza de Vida y Justicia, podemos reflexionar en este tiempo de Pentecostés: Muchas personas, hombres y mujeres, son guiados/as por Dios, hijos e hijas de Dios, de ese Dios que nos ama como un Padre y como una Madre. No somos pocos los que andamos, desde el reverso de la historia (G. Gutiérrez) intentando que nuestra sociedad deje ya de estar “patas arriba” y tome la postura que debe tener ante Dios. Y recordar, que, aunque no parezca, Dios está actuando mediante nosotros/as en esta nuestra historia que es también de él.
A nosotros/as, Dios se nos da ha conocer en la persona de la cual probablemente menos esperamos, la de menos fama y menos encumbrada en las esferas religiosas, probablemente la de menos poder en las estructuras eclesiales, pero que se mueve, actúa motivada por el amor.
En este tiempo de Pentecostés, todas las personas que andamos en esto, que para algunos parece locura, es importante recordar que: necesitamos dejarnos interpelar por el Espíritu de liberación, renovarnos constantemente en el Cristo Resucitado y actuar, sin olvidar, que nuestro Dios nos acompaña y motiva, y que en las que parecen más pequeñas acciones, cuando son orientadas al horizonte del reino, son acciones importantes, que le renuevan la Vida a la Iglesia de Cristo, pues esa Iglesia que se mueve somos todos y todas, los que con fe en el Dios liberador hablamos y actuamos en coherencia con el reino de Dios y su Justicia.
Es importante reafirmar que ya nada en este mundo al revés nos debe condenar, ya nada nos debe esclavizar, nada nos debe detener, el presente y el futuro son nuestros, pues Dios en el Cristo Resucitado nos hace parte de su cuerpo en la historia, para actuar de frente a Dios, reconciliados/as con Dios, trabajando con Dios hacia una humanidad nueva en relación fraterna y respetuosa con toda expresión de vida y eso sí,…enfrentando, desenmascarando y denunciando sin temor todo lo que sea motivado por el aliento de la muerte.
El Espíritu que levanto a Jesús el Cristo de los muertos, habita en todos y cada una de las personas que buscamos y actuamos a partir de la Justicia. Por ello, aunque en ocasiones no parezca, la Iglesia de Cristo sigue en constante movimiento, por ello es que aun cuando las estructuras eclesiales estén derruidas, podemos decir como Galileo: "Y sin embargo, se mueve". Pues la Iglesia de Cristo nunca deja de actuar, de moverse, buscando cada vez más, acercarse y acercar el reino de Justicia.
Por eso dice el salmista: “Si me elevara sobre las alas del alba, o me estableciera en los extremos del mar, aun allí tu mano me guiaría, ¡me sostendría tu mano derecha!” Salmo 139. 9 y 10.
Con la espiritualidad de la militancia de reino, recordemos que el templo, la estructura, el edificio, hecho de manos humanas, es un lugar más para celebrar con Dios y con su pueblo, y que el lugar privilegiado por Dios para celebrar con él, la vida, es la persona que necesita del amor de Dios, ella, la persona, es el “templo de Dios” por excelencia, Dios está en la persona organizada y que en comunidad, en colectividad, busca y construye su liberación. Dios no actúa solamente en grandes obras, grandes proyectos, grandes planes y grandes organizaciones, ni en grandes, hermosos y lujosos templos. Dios sobretodo actúa en lo que uno menos espera, en lo menos rimbombante, pero si en lo más apegado, en lo más consecuente y coherente con la Vida y la Justicia. Aun cuando algunas iglesias estructuras caen, la Iglesia de Cristo sigue triunfante y adelante, avanzando en la vida cotidiana, ganándole terreno a la muerte y avanzando con la Vida.
Por ello es importante recordar las siguientes palabras de Don Pedro Casaldaliga: “La guerrilla del Reino se libra no sólo ni principalmente en la montaña del heroísmo, sino sobre todo en el llano de la cotidianeidad.”
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En la memoria histórica de la Iglesia Cristiana Popular Salvadoreña:
Masacre de Panzós. 29 de Mayo de 1978. Guatemala. Masacre de un centenar de indígenas quichés, en Panzós.

¡Pentecostés!
Somos testigos y testigas, de tu poder, de tu sensibilidad, de tu amor.
Caminamos hasta el fin del mundo, predicando el evangelio.
Somos comunidad del camino, del compromiso, de la solidaridad.
Tu fuego, como llama viva, se difunde, nos compromete, nos hace comunidad.
Tu Santo Espíritu, está sobre nosotros y nosotras.
El Emmanuel bendito, nos consagra para que llevemos buena noticia a los pobres,
a anunciar libertad a los presos, a dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a anunciar el año favorable del Señor.
Por eso Jesús, no podemos quedarnos mirando irresponsable y pasivamente al cielo, debemos transitar el camino del compromiso y la acción.
Tu Espíritu Jesús, es fuego, calor que aviva, compromete, y despierta, nos lleva por el mundo nos identifica con los que sufren, con los marginados, con los empobrecidos.
Pentecostés, es poder y amor, solidaridad y lucha, es vida en abundancia:
Para que el mundo crea.
Para que vean cuanto nos amamos, cuanto les amamos.
Tu Espíritu es consolador, liberador es presencia viva en medio de tu pueblo, de tu comunidad. Nos acompaña por todo el mundo, en nuestros actos, en nuestro compromiso de todos los días con la gente que sufre, con los pobres, con tu pueblo.
¡Pentecostés, es la alegría de la Iglesia viva que camina!

Tomado de: Obed Juan Vizcaíno Najera. Red Latinoamericana de Liturgia CLAI.

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